¿Por qué tiene tan mala fama el botox?

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Las aplicaciones de botox (toxina botulínica) son el tratamiento de medicina estética más realizado en todo el mundo. Lideran el ránquing de los procedimientos más utilizados, por delante de los rellenos con ácido hialurónico, y su uso sigue incrementándose año tras año.

Con todo, los tratamientos con toxina botulínica despiertan recelos en personas que se acercan por primera vez a las consultas. Y lo cierto es que se atribuye a este producto la distorsión de determinados rasgos —labios, pómulos- de personajes famosos, unos efectos que no tienen nada que ver con el botox. La toxina botulínica es un relajante muscular, y no hincha en ningún caso. Los volúmenes exagerados que nos vienen a la cabeza están causados por la utilización de silicona u otros rellenos no absorbibles sin mesura ni destreza.

El botox aplicado de manera muy agresiva y sin destreza también puede provocar un efecto poco natural. O la repetición excesiva del tratamiento —o combinado con otros-, a la búsqueda de un rejuvenecimiento imposible. La popularización de los tratamientos con toxina botulínica, en manos de profesionales poco cualificados, puede dar lugar a resultados poco naturales que crean mala fama al botox. En general, una paciente que queda satisfecha con las aplicaciones no explica que se ha tratado: los casos de éxito —que son muchos- pasan desapercibidos.

Ése es uno de los objetivos de todo buen tratamiento: que se note sin que lo vean. Las pacientes descontentas o con un mal resultado evidente exponen su insatisfacción a su entorno, se excusan, y por eso son más comentados. Y la prensa sensacionalista aprovecha además algunos excesos en personajes relevantes para desprestigiar los tratamientos.

Aun así, la cosmética se beneficia del tirón de esta sustancia, y hoy existen cremas e incluso tratamientos capilares en los cuales el botox solo aparece en el nombre.   La realidad en nuestra consulta es muy diferente. Los tratamientos con toxina botulínica tienen una aceptación altísima, cercana al cien por cien. Con la aplicación del botox conseguimos relajar las expresiones negativas de la cara, como la expresión de mal humor.

También suavizamos las arrugas de la frente y las patas de gallo. Y prevenimos que éstas se hagan más profundas. De una manera natural, con solo suavizar, sin paralizar la expresión. Las pacientes se ven mucho mejor, con un rostro más luminoso. El resto de la gente las ve más descansadas, con mejor cara, pero solo sabrán que se han hecho un tratamiento si las pacientes se lo revelan.

Desde el punto de vista del médico, es muy importante explicar qué puede conseguirse con los tratamientos, y hasta dónde se puede llegar. El criterio y las manos de un especialista con experiencia es fundamental para conseguir un buen resultado.

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