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La prevención es también clave en Medicina Estética

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No hace falta tener muchas arrugas para notar que nuestro rostro pierde juventud. Ni siquiera tener muchos años, puesto que personas relativamente jóvenes también pueden presentar signos de envejecimiento. El estrés, el estilo de vida, la exposición al sol, los hábitos alimentarios y la genética dejan huella en nosotros, lo que, junto con el paso del tiempo, da como resultado la aparición de las arrugas, la pérdida de tono de la piel y, en mayor o menor medida, la flaccidez y el descolgamiento.

 

 

Afortunadamente, todo ello tiene remedio: la Medicina Estética ofrece hoy numerosos tratamientos que, en buenas manos, pueden hacer que recuperes un aspecto más joven y te sientas mejor con tu edad. Pero no hay que dejarlo pasar: mientras antes empieces, más gradual será el cambio y más naturales los resultados.

Nos lo explica la Dra. Cristina Villanueva, un referente de buen hacer en Medicina Estética. Su experiencia, sus conocimientos y su sentido común son la base del éxito de su trabajo.  

 

 

En términos generales ¿Cómo envejece el rostro?

En nuestra cara envejece todo: la piel, la grasa, el hueso… Con el paso del tiempo va cambiando  nuestra cara, igual que lo hace nuestro cuerpo. En el rostro algunas zonas adelgazan, como puede ser el pómulo, mientras que otras engordan, como la papada. Debe saberse, además, que los pómulos son estrogénicos, lo que significa que en periodo de menopausia se pierden más.

La capa superficial de la piel envejece, como envejece la grasa y también la musculatura. Los músculos que cierran los orificios, esto es, la boca y los ojos, cada vez se hacen más fuertes y eso produce patas de gallo, arrugas verticales y arrugas de expresión. Por su parte, los músculos  depresores (a favor de la gravedad) tiran hacia abajo, lo que contribuye al descolgamiento de la cara. Con la edad, además, fabricamos menos colágeno y elastina, lo que conlleva un debilitamiento de la matriz celular, que se traduce en flaccidez, con la consiguiente pérdida de armonía en el óvalo facial. En general, podemos decir que al envejecer las caras pierden su aspecto triangular y se vuelven más cuadradas.

 

Actuando de forma preventiva y gradual es más fácil mantener un rostro joven

¿Qué sucede con la grasa facial? ¿Cómo afecta al envejecimiento?

La grasa facial se va perdiendo con el paso de los años, pero además hay que tener en cuenta que dicha grasa no está dispuesta en bloque, sino que se sujeta al hueso mediante unas estructuras que se denominan ligamentos. Con el tiempo, esos ligamentos se aflojan, pero continúan sujetando la grasa por zonas. Es por eso que aparecen los surcos, por ejemplo los nasogenianos o las denominadas arrugas de marioneta.

 

También envejece el hueso, decía

Sí, el hueso también envejece y, además, puede presentar osteoporosis. El resultado es que con los años tenemos una piel más grande sobre un cráneo más pequeño, y eso se evidencia en forma de flaccidez. Estructuras como el marco de las cejas, los pómulos y la mandíbula disminuyen su volumen y se vuelven más planas, contribuyendo así a que se descuelguen los tejidos blandos.

 

¿Cómo actuar ante la flaccidez? ¿Qué tratamientos son más efectivos?

Lo primero es reposicionar los tejidos y recuperar el volumen perdido, a través de tratamientos con ácido hialurónico de alta densidad. Inyectándolo en puntos específicos, concretamente en los ligamentos a los que antes me refería, conseguimos levantar la cara sin dar aspecto de relleno. Es lo que denominamos lifting sin cirugía, que actúa sobre ocho puntos situados en la zona

preauricular, en la mandíbula, en el pómulo, en la zona malar y el mentón. Aunque cada persona es única y, por tanto, nuestra experiencia y conocimientos nos dirá en cada caso dónde debemos tratar.

Otras opciones son los hilos tensores y tratamientos para la estimulación de la fabricación de colágeno: productos que se inyectan en la dermis para que nuestras células fabriquen más  colágeno y elastina.

 

¿El ácido hialurónico y los neuromoduladores siguen siendo las dos grandes herramientas antienvejecimiento en Medicina Estética?

Sí, porque combaten los dos grandes signos de envejecimiento, actuando sobre los músculos de expresión y los depresores, en el caso de los neuromoduladores; y ante la pérdida de volumen, en el caso del ácido hialurónico. Para obtener buenos resultados es fundamental que estos tratamientos estén bien indicados y combinarlos cuando sea conveniente.

 

Una piel más bonita es también una piel más joven… ¿Cuáles son las opciones para que luzca radiante?

Ofrecen excelentes resultados los tratamientos de bio-revitalización, que consisten en inyectar en nuestra piel sustancias (nutritivas, hidratantes como el hialurónico, vitaminas…) que no son capaces de penetrar con las cremas. El objetivo de estos tratamientos es conseguir un entorno celular sano, que se reflejará en un aspecto muy mejorado de la piel, un cutis más cuidado, más hidratado y con menos defectos. A todo ello habría que unirle, por supuesto, hábitos de vida sana.

 

¿Ante el envejecimiento hay que actuar de forma preventiva?

Eso sería lo deseable, porque así es más fácil mantener un rostro joven. Además, si actuamos cuando aparecen los primeros signos de envejecimiento es posible conseguir muy buenos resultados con poco producto y, por tanto, con menos inversión. Hay que saber ser comedido y realizar los tratamientos con profesionalidad y sentido común. Se trata de mantenernos jóvenes para nuestra edad, de vernos bien, de mirarnos al espejo y vernos cuidados, en sintonía con el resto del cuerpo ¿Si vamos al gimnasio a cuidar la línea por qué no vamos a tratarnos la cara? Hay que normalizar la Medicina Estética y recurrir a ella cuando sea necesario, por uno mismo y por la imagen que proyectamos a los demás.

 

Artículo publicado en Barcelona Divina nº 16

 

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